 | BÁEZ
Félix, Edmundo Aguascalientes,
Aguascalientes , 1914 México, D. F., 1990 |
Edmundo Báez, Pedro Infante y Miguel Zacarías
en el rodaje de El enamorado (Dir. Miguel Zacarías,
1951) AGRASÁNCHEZ, Rogelio. Miguel Zacarías,
creador de estrellas. México, Archivo Fílmico Agrasánchez
/ Universidad de Guadalajara, 2000. P. 118 | |
ació
en la ciudad de Aguascalientes el 4 de agosto de 1914. Realizó sus primeros
estudios en su estado natal y posteriormente en San Luis Potosí (1929-1932).
Por estas fechas inició su inclinación y vocación por las
letras. En Monterrey terminó la preparatoria y en la Ciudad de México
cursó hasta el 5º año de la carrera de Medicina. Poeta, dramaturgo,
cuentista y guionista, fundó con el doctor Alfonso Millán el sanatorio
Floresta para enfermos mentales. Su vocación
literaria pudo más que su vocación por la medicina y en 1940 la
abandonó para dedicarse a las letras. Quiso la suerte que primero se conocieran
sus trabajos poéticos, y en las revistas Rueca,
Taller poético, Letras
de México y El hijo pródigo
aparecieron sus primeros trabajos.
Dentro
del campo cinematográfico —donde escribió cerca de 100 historias—,
el año de 1945 fue clave en la vida de nuestro escritor. En este año
obtuvo una beca por parte del Indio Fernández
para estudiar en Hollywood la especialización en técnicas de adaptación
cinematográfica, pero estando allá tuvo algunos inconvenientes económicos.
Cuenta el propio Edmundo Báez que el Indio
Fernández nunca le mandó dinero. Entre otras cosas, a su regreso
a la capital mexicana se dedicó a escribir argumentos para distintas empresas
productoras de cine, de los cuales sobresalen: La
diosa arrodillada (Dir. Roberto Gavaldón, 1947), Necesito
dinero (Dir. Miguel Zacarías, 1951) y Cri-Cri
el grillito cantor (Dir. Tito Davison,
1963).
En 1954 Paulita Brook aseguraba que:
“Con la excepción de un pequeño porcentaje, nuestras películas
fallan lamentablemente por el argumento y como éste en el cine equivale
a los cimientos, por muy sólidos, maduros y bellos ventanales que posea
la cinematográfica arquitectura, el edificio caerá por tierra uno
u otro día. (...)
“Para ver las
cosas a través del mismo cristal, para conocer mejor su punto de vista,
visitamos [remarcaba Brook] a tres de los más acreditados argumentistas
[Edmundo Báez, Rafael Solana y Dino
Maiuri]. Casi a la letra, transcribo aquí lo que dijeron sobre el asunto.
(...) (Sea usted el juez. Los argumentistas en el
banquillo de los acusados. Por Paulita Brook. México
Cinema. No. 122. s/fecha completa, 1954. PP. 54-55).
Por
su parte Edmundo Báez comentaba: “La carencia de buenos argumentos
—dice— no se siente solamente en México, sino en todo el mundo.
En nuestro país nos enfrentamos ahora con un problema doblemente agudo:
al ver buen cine extranjero, nuestro público educó su gusto y ahora
no solamente pide, sino exige buen cine mexicano.
“¿Por
qué no hacerlo entonces?"
“Porque se lucha —prosigue
Báez— con la falta de dinero. Se establece un círculo vicioso:
las películas no dan ganancias porque carecen de calidad y ésta
no puede conseguirse sin gastar mucho dinero”. (Idem)
La
obra de Edmundo Báez es muy amplia, tan sólo entre adaptaciones
cinematográficas y argumentos se tiene una cifra que supera el número
setenta. Su trabajo como guionista le valió premios tanto nacionales como
internacionales: Diosa de plata de PECIME
por la Mejor Adaptación Cinematográfica en 1953 por Mi
esposa y la otra (1951), de la pieza Los chicos
crecen de Carlos Santiago Damel y Camilo J. F. Darthes dirigida por Alfredo
B. Crevenna y, un año más tarde, recibió el Ariel
junto con Roberto Gavaldón por El niño
y la niebla (Dir. Roberto Gavaldón, 1953), sobre pieza homónima
de Rodolfo Usigli; y el trofeo Don Quijote
en España por Doña Diabla (Dir. Tito
Davison, 1949). Varios de sus guiones fueron nominados al Ariel:
Doña diabla, adaptación de
la pieza homónima de Luis Fernández Ardavín; Otra
primavera (Dir. Alfredo B. Crevenna, 1949), sobre pieza homónima
de Roberto Usigli; Orquídeas para mi esposa
(Dir. Alfredo B. Crevenna, 1953), Una mujer en la
calle (Dir. Alfredo B. Crevenna, 1954), La
mujer X (Dir. Julián Soler, 1954), sobre pieza Madam
X, de Alexandre Bisson y Talpa (Dir.
Alfredo B. Crevenna, 1955), sobre cuentos de Juan Rulfo.
En
la televisión, hizo su debut con la adaptación de Los
miserables, la cual tuvo un éxito enorme, posteriormente le siguieron
Los bandidos de Río Frío y La
canasta de cuentos (antología de cuentos de Bruno Traven). Con el
productor televisivo Luis de Llano acordó “utilizar el melodrama
al que la gente está acostumbrada, pero con un sentido profundo y social”
(Proceso. 22 de febrero de 1988). También
participó en telenovelas como Quinceañera
y Morir para vivir.
Como
suele suceder con otros escritores, la censura que ejercieron lo propios productores,
le trajo a Edmundo Báez muchos dolores de cabeza. De sus adaptaciones,
las que más sufrieron mutilaciones tenemos la cinta
Talpa y la telenovela Quinceañera;
la primera (cuento de la antología El llano
en llamas de Juan Rulfo) tuvo que omitir y cambiar la enfermedad venérea
de Tanilo, quien dejó de tener llagas para volverse reumático, porque
la palabra sífilis parecía estar
prohibida dentro del lenguaje cinematográfico. En Quinceañera,
por su parte, modificó la tragedia de su protagonista, la cual no podía
ser violada por Memo el villano. Pese a todo
esto, Báez nunca se rindió ni mucho menos se acomplejó. Continuó
con su trabajo hasta el último de sus días, tanto es así
que cuando murió se encontraba realizando una nueva adaptación de
Cuando los hijos se van. El 19 de marzo de
1990, en la Ciudad de México, víctima de una serie de complicaciones
derivadas de un enfisema pulmonar murió Edmundo Báez Félix.
Cabe señalar que Edmundo Báez
escribió la mayoría de las películas protagonizadas por Libertad
Lamarque, como: Soledad (Dir. Miguel Zacarías,
1947), La marquesa del barrio (Miguel Zacarías,
1949), Huellas del pasado (Dir. Alfredo B.
Crevenna, 1950), La loca (Dir. Miguel Zacarías,
1951) y Ansiedad (Dir. Miguel Zacarías,
1952), entre otras.
|
Bárbara Gil y Libertad Lamarque
en La marquesa del barrio AGRASÁNCHEZ,
Rogelio. Miguel Zacarías, creador de estrellas.
México, Archivo Fílmico Agrasánchez / Universidad de Guadalajara,
2000. P. 117 |
“(...) Lo curioso es quien se fijó
en mí fue Libertad Lamarque. Entonces un día me llemó Miguel
Zacarías diciéndome que estaba impuesto por Lamarque para hacer
Soledad, pero que no me necesitaba porque
él era adaptador; yo me negué y le dije que no cobraba sin escribir.
Zacarías me pidió que por favor hiciera yo la primera línea,
se la llevé y me contrató de exclusivo de la compañía
[Águila Films].
“El
guión es muy importante (...). Para escribir uno surgían (las ideas)
por lo general de temas ya hechos, valorados comercialmente. Soledad
había sido una serie radiofónica de una señora que no recuerdo
el nombre [Silvia Guerrico]. Así se hacía el cine; compramos esta
serie porque tuvo mucho éxito en Argentina (...). Entonces había
que extraer más o menos la anécdota que trazaba la señora
de los ochenta mil programas de radio y rehacer la película propiamente,
¿verdad? Fundarse en el personaje de la mamá, a la cual la hija
le pega, tres escenas base de la película, porque cada cachetada había
que ponerla, pues tuvo mucho éxito por la radio; no se podía quitar”.
(MEYER, Eugenia coordinadora. Cuadernos de la Cineteca.
Testimonios para la historia del cine mexicano. Vol. 6, México,
Ed. Cineteca Nacional, 1975. PP. 96-97. En AGRASÁNCHEZ, Rogelio Jr. Miguel
Zacarías. Creador de estrellas. México, Ed. Archivo Fílmico
Agrasánchez / Universidad de Guadalajara, 2000. P. 92)
En
vida, el escritor se autorreconocía discípulo del poeta y compositor
argentino Enrique Santos Discépolo, por quien sentía un gran cariño
y respeto. Juntos, Báez, Discépolo y el poeta Efraín Huerta,
formaban un excelente grupo de trabajo. También fue fundador de la Sociedad
General de Escritores de México (SOGEM) y publicó obras dramáticas
como: Los ausentes, pieza de teatro escrita
en 1940 y estrenada en 1942 en el Salón Verde del Palacio de Bellas Artes.
El rencor de la tierra (tragedia en dos actos),
1942. Razón del Sueño (antología
poética), 1949. Un alfiler en los ojos
(drama en tres actos) escrita en 1950 y estrenada en 1952. ¡Un
macho! (farsa en tres actos) estrenada en 1959. Y
Cuentos de ayer y de hoy (Antología de cuentos), 1987.